Mientras las corporaciones levantan gigantes de acero que raspan los cielos, nosotros aprendemos a respirar en los puntos ciegos de su vigilancia. Prepararse no es esperar el fin del mundo —el fin del mundo ya llegó, y varias veces—. Prepararse es entender que la soberanía es el único acto de rebelión que nos queda. ¡Despierta!
La Corporación-Estado cree que nos posee porque debemos rendirle permiso en cada acto, porque cree que hemos olvidado nuestra naturaleza. Pero nosotros utilizamos la libertad del ciberespacio para tejer en el plano físico y proclamar la libertad del individuo. Entendemos que el verdadero cypherpunk no solo protege sus datos, sino que blinda su existencia física.
El sistema nos quiere etéreos, convertidos en flujos de datos predecibles y consumidores pasivos de ancho de banda. Y así es como vamos a actuar: bajo el radar. No llamamos la atención, ni la deseamos. No somos predicadores buscando adeptos en la plaza pública; somos estoicos actuando en las sombras. No aceptamos nuestro destino, aunque aceptemos el destino de los demás.
Nuestra independencia se construye en el silencio. Somos el código que no se puede ejecutar, el nodo que no se puede rastrear y el cuerpo que no se puede someter. Nuestra señal no fluctúa, nuestra presencia es absoluta. Vivimos al filo del código.
No pedimos permiso para existir. No dejamos rastro al resistir.
¡Estamos listos para prepararnos!